Existencialismo japonés: Osamu Dazai y Kōbō Abe

Retratos de Osamu Dazai y Kōbō Abe
Retratos de Osamu Dazai y Kōbō Abe

El protagonista de Banteki, que no tiene nombre, se enfrenta al problema de la identidad humana en una sociedad donde todo parece estar preestablecido. Uno debe adaptarse al sistema de normas sociales y valores arbitrarios que rigen la vida en la comunidad para que su existencia tenga sentido, a pesar de que eso signifique, en ocasiones, actuar en contra de sus deseos. También encontramos este tema en las obras de dos autores japoneses de los que se nutre, en parte, la narrativa de José Pazó: Osamu Dazai y Kōbō Abe.

Osamu Dazai (1909-1948) comenzó su carrera literaria en 1933, pero no fue hasta después de la Segunda Guerra Mundial cuando cobró relevancia internacional con sus novelas El ocaso (Shayo, 1947) e Indigno de ser humano (Ningen shikkaku, 1948). Esta última, escrita en forma de cuaderno de notas, cuenta la historia de Yozo, un joven que siempre se ha sentido distinto a la gente que le rodea y a quien le resulta imposible cambiar el rumbo desastroso que ha tomado su vida. Tanto el narrador en primera persona como los sentimientos que expresa traen a la memoria el diario que el protagonista de Banteki encuentra en la basura, aunque el estilo es muy distinto.

Kōbō Abe (1924-1993) fue un escritor al que se compara con Kafka porque representa la alienación del individuo a través de situaciones absurdas y desde un punto de vista objetivo, en el sentido de que el narrador (que suele ser omnisciente) no se implica emocionalmente con lo que sucede. Las descripciones de Kōbō Abe son casi científicas: se basan en el psicoanálisis y ofrecen datos propios de un informe, si bien a veces se permite caer en una cierta imprecisión para recordarnos que estamos leyendo un relato ficticio. El tema mencionado y este estilo están presentes en su libro La mujer de la arena (Sunna no onna, 1962), donde un entomólogo queda atrapado en una casa dentro de una sima. Allí, convive con una mujer desconocida y se ve obligado a achicar arena cada día para no morir sepultado. En Banteki se hace una mención explícita a esta obra.

De nuevo, vemos el enorme bagaje cultural de José Pazó en lo que al país nipón se refiere; unos conocimientos de los que gozan muy pocos autores en España.

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